112. Sin apartar la mirada de mí.
Vicente se queda mirándome, sus ojos brillan con esa intensidad que siempre me ha helado la sangre. Sabe que me tiene atrapada. No hay una salida fácil de esta. El aire entre nosotros se vuelve denso, y aunque estoy acostumbrada a la tensión en su presencia, esta vez es diferente. Esta vez, está a punto de romperse todo.
Dmitri, sujeto por los guardias de Vicente, no dice una palabra. Su mirada es de puro terror, pero sé que detrás de ese miedo hay frustración. Él también se siente traicionado.