111. Ahora dime, Valeria.
Mientras me sostiene, noto que Dmitri está en una esquina de la habitación, observando. Es una mirada cargada de significado. Esta noche, todo debe ir como está planeado, o no habrá una segunda oportunidad. Pero hay algo más en su mirada. Una inquietud que no logro descifrar.
Vicente me aparta un poco y me ofrece una copa de champán. Parece relajado, o al menos lo está fingiendo bien.
—Espero que estés disfrutando de la fiesta —dice, con una sonrisa que no logra borrar la tensión en su mandíbul