Después de asegurarme de que Mateo realmente estaba concentrado en sus cuadernos, cerré la puerta de su habitación con cuidado, procurando no hacer ruido, como si el más mínimo sonido pudiera romper la pequeña tranquilidad que había logrado construir para sí mismo. Mis pasos se alejaron lentamente del pasillo, pero dentro de mí quedaba una mezcla extraña: ligereza porque una preocupación se había calmado… y peso, porque aún me esperaba un mundo entero de cosas que no podía compartir con él.
El