Gavin no volvió a casa de inmediato. Caminó sin rumbo fijo durante varios minutos, como si sus pasos necesitaran procesar lo que su mente aún no alcanzaba a comprender del todo. La ciudad seguía con su ritmo habitual, indiferente a la conversación que acababa de tener lugar en una esquina cualquiera, pero dentro de él algo había cambiado, aunque todavía no sabía ponerle nombre.
No era alivio. Tampoco tristeza pura. Era una mezcla extraña, como una herida que ya no sangra pero que aún duele cuan