El tiempo dejó de avanzar en línea recta. Empezó a moverse en capas, superponiéndose: el pasado que aún dolía, el presente que exigía atención constante y un futuro que, por primera vez, no se sentía como una amenaza sino como una posibilidad frágil, cuidadosamente sostenida entre las manos.
La rutina se volvió un territorio nuevo que aprender.
Las mañanas ya no eran solo mías. Mateo se despertaba temprano, siempre con una pregunta distinta, siempre con una urgencia que no admitía espera. Gavin