Los días comenzaron a adquirir una rutina inesperada, una que no estaba construida a base de crisis ni de decisiones al límite. Era una rutina sencilla, casi tímida, como si la vida misma estuviera probando hasta dónde podía avanzar sin romper nada.
Gavin no se mudó oficialmente al apartamento. No aún. Tenía su propio lugar, a veinte minutos en coche, pero aparecía cada mañana con una puntualidad que empezaba a ser sospechosa. A veces traía café. A veces pan recién hecho. Otras veces nada, solo