El aire de la madrugada aún guardaba ese silencio espeso que parecía envolverlo todo como un secreto no dicho. Las luces de la ciudad, cansadas, parpadeaban una a una mientras el cielo empezaba a desteñirse en tonos pálidos. Valeria permanecía de pie frente a la ventana, con los brazos cruzados, mirando sin ver realmente lo que había más allá del vidrio.
No había dormido.
Otra vez.
Y no era por miedo.
Era por algo peor.
Era por la certeza.
La certeza de que algo había cambiado. De que aquello q