78.
Aquel amanecer llegó teñido de un gris casi plateado, como si el cielo aún dudara entre permitir la luz o hundirse otra vez en la oscuridad. Camila despertó antes que Gavin, algo poco usual, y se quedó observándolo en silencio. Él dormía ladeado, con una mano sobre la almohada vacía entre ambos, como si inconscientemente la buscara incluso en sueños. Camila sintió una mezcla de ternura y vértigo; desde la noche anterior, después de tantas confesiones, discusiones y verdades ásperas, algo dentro de ella parecía estar reorganizándose.
Gavin abrió los ojos sin brusquedad, como si hubiera sentido la intensidad de su mirada.
—¿Estás bien? —preguntó él en voz baja.
Camila asintió, aunque sabía que no era una respuesta completa.
Él estiró el brazo y, sin forzar nada, rozó su mejilla con la punta de los dedos.
—Pareces preocupada.
Camila suspiró y se incorporó lentamente, buscando las palabras.
—No sé si preocupada… pero siento que estamos sobre una cuerda floja. Tú y yo. Lo que sentimos. Lo