Los días comenzaron a ordenarse sin esfuerzo.
No como una rutina rígida, sino como una secuencia natural de pequeños gestos que se sostenían entre sí. Camila despertaba temprano, no por obligación, sino porque su cuerpo había encontrado un ritmo propio. Preparaba café, abría la ventana y dejaba que el aire frío del inicio de la mañana recorriera el espacio con suavidad.
Había algo en ese gesto que se había vuelto esencial.
No era solo ventilación.
Era una forma de recordarse que nada debía qued