79.
El silencio que siguió a la llegada del auto fue espeso, casi táctil. Era la clase de silencio que antecede a una tormenta, o a una decisión que puede cambiarlo todo. Camila sintió cómo algo se tensaba dentro de ella cuando vio a Gavin detenerse frente a la ventana, con los hombros rígidos y la mandíbula apretada. No había dicho una palabra desde que regresaron a casa, y ese mutismo era más inquietante que cualquier arranque de furia.
Él siempre hablaba. Siempre explicaba, analizaba, protegía.