La mañana siguiente llegó sin anuncio.
No hubo un cambio evidente, ni una sensación de inicio. Todo parecía continuar exactamente como el día anterior, y sin embargo, algo en Camila era distinto. No podía nombrarlo con precisión, pero lo sentía en la manera en que se levantó de la cama sin dudar, en cómo apoyó los pies en el suelo y respiró antes de moverse.
No era un ritual.
Era presencia.
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Preparó café como siempre, pero esta vez se quedó más tiempo sosteniendo la taza entre las manos. Obs