76.
El silencio después de los golpes en el pasillo se volvió casi líquido, espeso, como si el aire de la habitación hubiera sido reemplazado por un océano inmóvil. Camila contuvo la respiración. Gavin no se movió al principio. Solo su mirada cambió: un destello afilado, calculador, como si su cerebro procesara diez escenarios por segundo.
Entonces, con un gesto casi imperceptible, levantó la mano para indicarle que no hiciera ruido.
Camila asintió, tragando la tensión que le apretaba la garganta.