El invierno terminó de instalarse sin pedir permiso.
La ciudad, que meses atrás parecía moverse con una ligereza casi amable, ahora tenía otro ritmo. Más lento. Más introspectivo. Las calles se vaciaban antes, las conversaciones se acortaban, y el aire frío obligaba a todos a recogerse un poco más hacia adentro.
Camila empezó a notar ese cambio también en sí misma.
No como tristeza.
Pero sí como una especie de quietud más profunda.
---
El proyecto colaborativo avanzaba, aunque no sin fricciones