La mañana siguiente amaneció envuelta en un silencio suave, como si el mundo entero contuviera la respiración para no interrumpir lo que ocurría entre Gavin y Camila. El sol se infiltraba por las cortinas claras del pequeño apartamento de ella, pintando la habitación con reflejos dorados. Gavin despertó primero, aún medio perdido entre el sueño y la realidad, y lo primero que vio fue el perfil de Camila descansando a su lado, su respiración profunda, tranquila, con mechones oscuros desparramado