68.

La noche había sido tranquila, pero Camila apenas durmió. Cada vez que cerraba los ojos, veía el rostro de Gavin en la puerta, con esa media sonrisa que solo usaba cuando estaba a punto de decirle algo que la derritiera. Y cada vez que abría los ojos, el recuerdo de su beso la atravesaba como una corriente tibia.

A las seis de la mañana, antes de que Mateo despertara, Camila se levantó. No sabía por qué, pero el cuerpo simplemente la empujó a moverse: preparar café, abrir cortinas, dejar entrar
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