70.
La mañana siguiente amaneció envuelta en una serenidad que parecía tejida especialmente para ellos. Camila despertó lentamente, como si su cuerpo reconociera que estaba en un espacio seguro, en un hogar improvisedado por la presencia silenciosa de Gavin. Él ya estaba despierto, apoyado contra el cabecero, hojeando un libro viejo que había encontrado en la mesa de noche de ella.
—Buenos días —murmuró ella, su voz todavía adormilada.
Gavin sonrió al instante, como si solo hubiera estado esperando