¡
La noche en que supimos que Alexander estaba en Jakarta, el aire dentro del apartamento se volvió distinto. Más denso. Más eléctrico. Como si el destino hubiera decidido colocarse justo delante de nosotros, mirándonos a los ojos y preguntando:
“¿Están listos?”
Yo sí. O al menos quería creer que sí.
Gavin, en cambio, no tenía ni un rastro de duda.
Después de aquella llamada, pasó horas revisando documentos, archivando pruebas, enviando informes a la fiscalía y coordinando con Aditya medidas de