56.
La ciudad de Jakarta nos recibió con su calor denso, casi palpable, como si cada molécula de aire estuviera impregnada de historias antiguas y batallas aún no contadas. El ruido, las luces, los aromas familiares… todo parecía envolvernos al salir del aeropuerto. Pero lo único que realmente sentí fue la mano de Gavin rodeando la mía con firmeza.
Él caminaba a mi lado con el porte de un hombre que no solo estaba seguro de lo que hacía, sino que lo había decidido mucho antes de que yo misma lo ent