33. Sopa de pescado
Pedí un taxi y regresé inmediatamente al apartamento. Allí me recibió Mateo, que corrió hacia mí y me dio un fuerte abrazo. El aroma a jabón y vainilla de su cabello era relajante. Frunció los labios.

—Mamá, ¿por qué te fuiste sin decirme nada? Teo pensó que te ibas muy lejos—, se quejó, con voz ansiosa y un poco enfadada.

—Lo siento, cariño, era urgente. La enfermera Vina te cuidó, ¿verdad?—.

—Sí, pero mamá no suele hacer esto. Teo estaba preocupado de que mamá lo dejara—.

Me reí. Mateo era un niño dulce y leal, muy maduro para su edad. Le pellizqué la nariz. —Lo siento, cariño. Estabas preocupado, ¿verdad?—.

—Claro. Mamá lleva seis días sin venir. Ah, es molesto hablar de ello porque mamá no me lo dijo primero. Entra, mamá. Hay comida para ti—.

—Vaya, ¿has cocinado para mamá?—.

—No—.

—¿La has comprado?—.

—El tío Frans acaba de venir y ha traído comida. Dijo que tenía un asunto importante que tratar con mamá—.

—¿Frans?— Me quedé paralizada. Frans estaba sentado en el sofá del salón, c
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