La noche cayó lentamente sobre la ciudad, envolviéndola en una penumbra suave, apenas rota por los destellos amarillos de los faroles y el rumor distante de los autos que pasaban. En el apartamento, el silencio se había vuelto espeso, casi tangible, como si las paredes contuvieran la respiración junto con ellos. Camila permanecía junto a la ventana, los dedos apoyados en el marco frío del vidrio, observando las luces difusas al otro lado mientras sus pensamientos corrían desordenados.
Había dem