Esa noche no dormí.
No podía.
Me senté en el borde de la cama.
Miré el techo.
Miré el teléfono.
Miré la nota de Mateo junto a la lámpara.
Recordé su “Mama, descansa.”
Recordé su ternura.
Recordé su existencia.
Y entonces entendí algo.
No solo estaba luchando por Gavin.
También estaba luchando por mí misma.
Por mi dignidad.
Por mi capacidad de elegir.
Por la mujer que ya no quería vivir bajo las decisiones de otros.
Yo ya había sido manipulada antes.
Ya había perdido cosas por culpa de gente pod