Levantó la mirada. Sus ojos tenían una sombra que no había visto antes. “Su familia no es simple, Camila. Nunca lo ha sido. Tú lo sabes. Pero… no es solo cuestión de carácter o ego. No es solo que su padre sea frío, duro o controlador.”
Mi corazón empezó a latir más fuerte.
“Es poder,” murmuró. “Es influencia. Es política. Son acuerdos. Son apuestas. Y Gavin… es una pieza valiosa.”
De repente entendí.
Y no me gustó en absoluto.
“¿Estás diciendo que lo están usando?” susurré.
“Estoy diciendo,” corrigió Frans con cautela, “que para ellos, Gavin no es solo un hijo. Es un activo. Es un nombre. Es alguien que puede abrir puertas. Sellar tratos. Fortalecer alianzas.”
Me reí sin humor. “Y yo… soy un estorbo.”
Frans no respondió.
No necesitaba hacerlo.
Yo ya lo sabía.
Lo había sabido desde mucho tiempo atrás. Desde la primera vez que conocí el peso de ese apellido. Desde que empecé a caminar dentro de su mundo. Desde que comprendí que amar a Gavin significaba también enfrentarse a todo lo que