109.

El amanecer trajo consigo una claridad engañosa. El cielo estaba despejado, las nubes parecían haberse retirado con delicadeza, y el sol comenzaba a derramar una luz suave sobre la ciudad. Sin embargo, en el interior de cada uno de ellos, la inquietud seguía arraigada, como una sombra persistente que se negaba a retroceder.

Camila se levantó lentamente, sintiendo el cuerpo pesado por la falta de descanso. No había dormido realmente; apenas había cerrado los ojos lo suficiente para engañar al ca
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