104.

La mañana llegó más rápido de lo que esperaba. No recuerdo exactamente en qué momento mi cuerpo se rindió al cansancio, pero cuando abrí los ojos, la luz tenue del amanecer ya se filtraba por las cortinas entreabiertas. Mis párpados pesaban y mi mente tardó varios segundos en recordar por qué había un nudo inquieto en mi pecho.

Gavin.

La conversación de anoche volvió a mi memoria pieza por pieza, como un rompecabezas que se rearmaba solo. Su voz, su frustración, la manera en que intentaba mantener la calma aunque se le notaba al borde del descontrol. Y ese final… esa despedida cuidada, casi tierna, en la que trataba de revertir su propio agotamiento para que yo no me preocupara.

Rodé de costado y busqué mi teléfono sobre la mesa de noche. Ninguna notificación. Ningún mensaje suyo. Nada.

Respiré hondo.

No podía esperar que él resolviera sus emociones en una noche. Las cosas importantes no se digieren tan rápido, menos cuando se trata de heridas abiertas de traiciones pasadas, de respon
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