La noche cayó más rápido de lo que imaginé. El cielo se fue apagando lentamente mientras las luces de la ciudad encendían una por una, como testigos silenciosos de algo inevitable. Yo me encontraba sentada en la sala cuando escuché el timbre.
Mi corazón, por supuesto, decidió correr más rápido que mi mente.
Mateo estaba dormido. Vina en. La casa estaba tranquila.
Caminé hacia la puerta. La abrí.
Y ahí estaba él.
Gavin.
Su figura alta, su abrigo oscuro, el cansancio visible en sus ojos pero tamb