—¿Qué deseas Sarah? —gruñe Nathan una vez que baja—. ¿Acaso no ves que estoy ocupado?
—¿Ocupado? —escupe la mujer con desprecio—. Eres un maldito infeliz que solo piensa en satisfacer sus deseos.
—¿Y a ti en qué te afecta que lo haga con mi esposa? —se burla y por la forma en que pasa su pulgar por su boca estoy segura de que está limpiando el labial que acabo de dejar en él—. Si solo viniste para hacerme perder el tiempo que puedo destinar a mi esposa, puedes marcharte, además, te recuerdo que