Tres años después
Escucho como la puerta de mi oficina se abre con un ligero chirrido y sin levantar la mirada de mi trabajo, sé que se trata de Giselle, en primer lugar porque es la única persona que tiene permitido entrar sin tocar y, segundo, por ese aroma tan característico de ella.
—¿Qué sucede, cariño? —inquiero, aun sin levantar la mirada de los documentos que estoy revisando.
—¿Cómo supiste que soy yo? —se queja con un mohín.
—Eres la única persona que puede entrar de esa forma a mi ofi