—Antes de que te bajes entrégame las llaves —le ordena estirando la mano, una vez que el rubio nos deja solos de forma inconsciente me pego un poco más a la ventanilla y miro hacia cualquier lado menos a Nathan.
»Muy bien cariño, veo que por lo menos sabes que lo que hiciste estuvo mal —musita acercándose a mí.
—Yo no pensé que te molestarías tanto por una simple cachetada —me defiendo con un pequeño mohín.
—¿Y cómo no molestarme con semejante golpe digno de una boxeadora profesional? —rebate.