Con movimientos rápidos toma mi cubierto y cuando prueba mi omelette su rostro se vuelve a contraer.
—¡¡Nana!! ¡¡Nana!! —grita poniéndose de pie sin dejar de alternar su mirada entre las pelirrojas y yo.
—¿Qué sucede mi niño? —lo cuestiona la mujer en cuanto aparece en el comedor.
—Quiero que mandes llamar a todos los encargados de la cocina.
—¿Hay algo mal con el desayuno?
—Haz lo que te pido —la mujer se da la vuelta y tan rápido como su avanzada edad se lo permite se pierde de vista—. ¡Usted