Cuando las puertas se cierran, escucho como Kalet se aclara la garganta ruidosamente y fingiendo que no sé a qué se debe su actitud, observo el tablero que indica en que piso estamos.
—¿Y en tu piso solo está presidencia? —cuestiono a Nathan mientras subimos hasta el cincuenta y dos.
—No, están algunos otros directivos, así que ese piso por lo regular es tan ajetreado como cualquier otro.
Al cabo de unos segundos las puertas se abren y sin dejar de apretar mi mano me lleva hasta su oficina.
—¡B