Giselle
Una vez que aterrizamos en Francia, Nathan me ayuda a subir al auto que espera por nosotros y cuando llegamos a su casa su nana nos recibe con un enorme abrazo y unas cuantas lágrimas en los ojos debido a lo mucho que ha extrañado a su niño como ella lo llama.
—¿Mañana irás a trabajar? —cuestiono a Nathan en cuanto nos quedamos solos en su habitación.
—Sí, tengo bastantes pendientes, no puedo dejar que Kalet se encargue de todo. Si no te molesta deseo darme una ducha.
Permito que Nathan