La nueva realidad funcionó con una precisión gélida. Olivia se convirtió en un fantasma eficiente. Asistía a las reuniones obligatorias con Alexander. Sonreía en las fotos para la prensa. Firmaba documentos donde se requería la firma de "la Sra. Vance". Pero su mirada estaba vacía. Y su corazón, más.
Isabella, por otro lado, estaba en todas partes. Sin Olivia como filtro, su acceso a Alexander se volvió directo, constante. Llamadas a deshoras. Reuniones de cierre en la oficina. Informes que sol