La Gala Anual de la Asociación Hotelera Internacional era el evento del año. Un mar de esmoquines, vestidos de gala y sonrisas calculadas. Vance Enterprises tenía una mesa principal, por supuesto. Alexander y Olivia llegaron juntos. La imagen perfecta.
Olivia llevaba un vestido largo color vino. Elegante, sobrio. Alexander, su esmoquín impecable. Saludaban, sonreían, hacían el juego. Pero entre ellos, desde la conversación de los límites invisibles, había un abismo de hielo.
Alexander era cortés. Atento. Pero distante. Como si estuvieran actuando en una obra de teatro. Quizás era eso, al fin y al cabo.
Fue entonces cuando Isabella hizo su entrada.
No llegó con ellos. Llegó después. Como una estrella que sabe que todos la esperan. Vestía un vestido plateado, ceñido, que parecía hecho de luz líquida. Su cabello suelto, ondas perfectas. No llevaba joyas estridentes. Solo unos pendientes de diamantes que centelleaban con cada movimiento.
No vino sola. Llegó del brazo de Lars Van Houten, e