La noche cayó sobre el ático, densa y silenciosa.
Alexander estaba de pie junto a la ventana. La conversación con Olivia resonaba en su mente. Su rostro, sereno y decidido. Sus palabras finales. Haz lo que debas hacer.
No había sido una bendición emotiva. No había lágrimas. Ni abrazos. Había sido un reconocimiento. Un traspaso de confianza. Ella veía al luchador que había regresado, y no lo detendría.
Él no era el mismo. Lo sabía. La depresión lo había vaciado. La terapia lo había reensamblado.