La reunión en casa de Eleanor duró tres horas.
Alexander salió de allí con el peso de un acuerdo y el sabor metálico de la conspiración en la boca. Cuatro accionistas clave. Nombres que conocía de toda la vida. Rostros serios asintiendo mientras él desplegaba la evidencia. El silencio, después de escuchar la grabación de Charles, había sido absoluto.
Habían acordado un plan. Una jugada limpia y rápida. En cuarenta y ocho horas.
Ahora, al anochecer, Alexander se encontró caminando sin rumbo. Sus