La noche cayó. Emma dormía. Olivia estaba en silencio. El acuerdo estaba sobre la mesa. No lo tocaba.
Dos años de huida. Dos años de miedo constante. Pensó que era la única solución. Salvó a su hija del apellido Vance. Pero se condenó a una prisión de nervios. Vivía pendiente de cada sombra. De cada ruido extraño.
Cada frase corta martillaba en su conciencia. Eran los cimientos de su pasado reciente. Cada una abría una ventana a un recuerdo doloroso.
Dos años de huida. No fueron días. Fueron es