La noche cayó sobre el ático.
Alexander estaba sentado a la mesa. Frente a él, dos dispositivos. La memoria USB de Davies. La de Isabella. Dos caras de la misma verdad. Dos traiciones.
Pero una pesaba más.
La memoria plateada de Isabella brillaba bajo la luz de la lámpara. La había revisado. Escuchado. Validado. Charles estaba tan confiado. Tan cínico. Hablaba de Alexander como de un problema pasado. De Olivia como un accesorio útil. De la empresa como un botín.
Pero no era eso lo que mantenía