La mañana del luego amaneció fría y gris. Olivia se despertó con el eco de las dos sonrisas en la mente. Había dormido mal. Soñó con puentes que se extendían sobre abismos, y ella parada en el medio, sin saber hacia qué lado caminar.
La rutina matutina fue un salvavidas. Preparar el desayuno de Emma. Vestirla. Hablar de la guardería. Los actos simples la anclaban a la realidad, alejándola del territorio pantanoso de las emociones adultas.
Salió del apartamento con Emma de la mano. Iban tarde. L