La puerta se cerró con un sonido sordo y pesado. Olivia giró la llave. Escuchó el clic del pestillo. Un sonido pequeño. Definitivo. Un sonido que separaba el afuera del adentro. Lo seguro de lo amenazante.
Se desplomó contra la madera.
Todo su peso cayó contra la puerta. Las piernas le flaquearon. La espalda se deslizó por la superficie lisa hasta que se sentó en el suelo frío del vestíbulo. No podía sostenerse en pie. No había más fuerza.
Su corazón latía desbocado. Un tambor frenético en su p