El "Nadie, cariño" de Olivia fue un muro. Una barrera verbal levantada a toda prisa, hecha de mentira y de miedo. Pero el temblor en su voz lo delató. Lo hizo frágil. Transparente.
Emma no lo entendió. Pero lo sintió. Sintió la vibración del miedo en el pecho de su madre. Vio la rigidez en su cuello. La blancura de sus nudillos al aferrarla.
—¡Pero mamá…!
El protesto de Emma fue ahogado por la severidad forzada en la voz de Olivia.
—Ahora, Emma.
No era una petición. Era una orden. La orden de u