El pánico era un sabor metálico en la boca de Olivia. Un zumbido de alta frecuencia en sus oídos. Cada paso que daba alejándose del banco era un acto de pura voluntad. Sus piernas se sentían de goma. Su corazón, un puño golpeando contra su esternón.
Emma, en sus brazos, era un peso familiar. Un ancla. Pero también una vulnerabilidad. La niña no entendía. No podía entender la tormenta que acababa de estallar. Para ella, solo era un domingo en el parque. Un domingo interrumpido por la rigidez rep