La noche anterior a la sesión con Alexander, Olivia apenas pudo dormir. Su mente era un torbellino de diapositivas, argumentos y contraargumentos. A las 7 a.m. ya estaba vestida y lista, repasando por enésima vez su presentación en la suite. A las 7:55, con el corazón latiéndole con fuerza, se plantó frente a la pesada puerta de roble del estudio de Alexander, en el ala este de la mansión, un territorio que hasta entonces le había estado vedado.
Al cruzar el umbral, contuvo el aliento. El estud