El viaje de regreso desde Gramercy Park fue un viaje a través de un túnel de ira pura. Alexander condujo con las manos aferradas al volante, los nudillos blancos, viendo la carretera a través de un velo rojizo. El motor del coche de lujo rugía bajo su pie pesado, pero el sonido era apenas un eco lejano comparado con el estruendo en su cabeza.
Un señuelo.
Nunca te importó lo suficiente.
No me busques.
Las frases de la segunda nota se repetían en un bucle incendiario. Cada palabra era una bofetad