El apartamento de Brooklyn olía a nuevo. A pintura fresca. A suelo limpio. Era pequeño. Luminoso. Vacío.
La primera noche, Olivia durmió en un colchón en el suelo. Envuelta en una manta. Escuchó los sonidos del vecindario. Sirenas lejanas. Música de algún apartamento. No lloró. Estaba demasiado cansada. Demasiado vacía por dentro.
El primer mes fue una guerra. Una guerra contra su propio cuerpo.
Las náuseas llegaban sin aviso. No solo por la mañana. En la tarde. En el supermercado. Mientras int