La mañana después de la gala amaneció con el eco del éxito y el peso de lo no dicho. Alexander despertó en la habitación de invitados de Olivia, la luz filtrándose a través de las persianas en rayos polvorientos. La tranquilidad del apartamento era engañosa. Sabía que Olivia, al otro lado del pasillo, estaría despierta, repasando cada momento, cada palabra intercambiada en el balcón frío.
Se levantó y encontró la cocina vacía, pero el café ya estaba hecho. Junto a la cafetera, una nota en la ca