Cuatro días después del anuncio, la Gala del Museo de Arte Moderno se alzaba como su primer campo de batalla público. No era una junta de accionistas, pero la presión era distinta: más sutil, más social, igual de letal si cometían un error.
Olivia eligió el vestido. No fue con Alexander, ni con una estilista. Fue sola. Regresó al apartamento con una bolsa de una boutique discreta y se encerró en su habitación. Cuando salió, Alexander, que esperaba en el salón ajustándose los gemelos, contuvo la