La cena fue en ‘Le Bernardin’, un templo de mariscos y poder donde los acuerdos se sellaban entre bocado y bocado de lubina en costra de sal. La mesa era larga, flanqueada por clientes japoneses clave para la expansión asiática. Alexander estaba a un extremo, Olivia en el centro, e Isabella, invitada por su conocimiento del mercado europeo, estaba casi frente a él, al otro lado.
Olivia había pasado el día con el peso del correo anónimo anclado en su estómago. Había visto la entrada en la agenda