El segundo día comenzó con la misma crudeza del primero. Olivia llegó a la biblioteca puntualmente a las 8 a.m., encontrando a Thorne ya esperándola junto a una pizarra blanca llena de ecuaciones que le provocaron un inmediato dolor de cabeza. La habitación olía a tiza y café cargado, una combinación que empezaría a asociar con el agotamiento mental.
—Buenos días, señorita Green. Hoy nos adentraremos en los principios financieros básicos que rigen Vance Enterprises. Empezaremos con el flujo de caja —anunció Thorne, tomando un marcador con la precisión de un cirujano—. Imagine que Vance Enterprises es un cuerpo humano. El flujo de caja es la sangre. Sin circulación, el organismo muere, sin importar cuán saludable parezca por fuera.
Las siguientes horas fueron una tortura metódica. Thorne explicaba conceptos como "estado de resultados", "balance general" y "EBITDA" con la misma pasión con que alguien podría leer un contrato de hipoteca. Olivia tomaba notas hasta que los dedos se le acal