El silencio que siguió a las palabras de Alexander fue diferente a todos los silencios que habían compartido antes. No era incómodo. No estaba cargado de tensión o resentimiento. Estaba lleno de algo más peligroso: comprensión.
La botella de Barolo estaba ahora tres cuartos vacía. Las estrellas sobre Milán parecían haberse multiplicado, como si el universo entero estuviera observando este momento vulnerable en un balcón de hotel. La estufa crepitaba suavemente, y la manta que compartían sobre s