Martes. El segundo día en Milán había sido otra victoria. Los inversores italianos estaban encantados, los números cuadraban perfectamente, y el Palazzo Brignole estaba más cerca que nunca de convertirse en la joya de la corona de Vance Enterprises en Europa.
Pero de regreso en la suite, la victoria sabía a cenizas.
Porque cada éxito profesional solo hacía más evidente el fracaso personal que vivían entre esas cuatro paredes elegantes. La cama plegable junto a la ventana era un recordatorio con